miércoles, 16 de mayo de 2018


Los niños de la Cárcel

·         Cinco  ya nacieron en la Cárcel de  Mercedes.  Uno está por venir,  pero  acá  no es  lugar para que nazca ningún  gurí”.

 

Cada  vez  son  más jóvenes los  reclusos  de la Cárcel de  Mercedes.  Cada vez son más , en una  Cárcel  que cuando se inauguró  parecía  ser la solución al  endémico problema  de  hacinamiento que  tenía  el centenario  edificio contiguo  a la  Jefatura de  Policía  de Soriano.
Desde que la Cárcel fue trasladada al ejido de chacras de Mercedes, dejamos de ver las habituales colas de familiares en los días de visita con bultos con comida o ropa para los reclusos. Los mercedarios dejamos de sentir, al pasar por la esquina de 18 de julio y Ferreira Aldunate, ese olor característico a la cebolla fritándose para el guiso del mediodía o la noche.  Y también dejamos de verlos entrar o salir esposados, en las cajas de las camionetas policiales cuando eran trasladados al juzgado, o a la chacra policial, los que tenía permiso de salidas para hacer algún trabajo; y ya  no nos  llega el griterío  y el  ruido  cuando se produce algún  disturbo interno.
Por eso quizá cada vez que vamos de visita a la Cárcel nos parecen más jóvenes, aunque intenten disimularlo con extraños corte de cabello, profusos tatuajes en brazos y piernas, o miradas desafiantes.
El pasado lunes  7  de  mayo  los  Ministros de  la Suprema Corte de Justicia,  Bernadette  Minvielle  y Eduardo Turell realizaron la visita anual de Cárceles revisando medio centenar de  casos  de los cuales dictaminaron 6 libertades por gracia.  Mientras pasaban frente a ellos cada uno de los reclusos acompañados de sus abogados defensores, el resto esperaba en un patio interno de la Cárcel,  mirando  hacia  el  interior del  salón donde  se  jugaba la  suerte de sus compañeros.  Los Ministros, y especialmente la Dra. Minvielle  fueron duros con aquellos  casos  relacionados  a la venta de droga. Un joven relató a los magistrados que en la Cárcel terminó la Escuela Primaria, que siguió estudiando hasta completar el Liceo  en la orientación  Biológica,  y que  no  se  quedó ahí,  sino que  continuó concurriendo al Liceo para hacer la orientación Humanística. La respuesta de la Ministra fue inflexible: “Me  alegro  que estés  estudiando,  eso  te  va  a servir para cuando salgas”,  pero le negó la libertad  anticipada porque estaba por un delito de venta de droga. Y cuando se marchaba le  remarcó: “Sabés  que la Pasta  Base  es un veneno”.  En el patio lo esperaba  un grupito de reclusos, uno de ellos con el escudo de  Nacional  tatuado en  el cuello.  Se saludaron y quedaron sin hablar quizá adivinando la suerte del resto. Le tocó el turno  a una  joven con un embarazo de 7 u  8  meses. También le negaron la libertad por gracia.  Tras los vidrios, al  final del patio contra el alambrado, otras  dos  jóvenes,  una con un cochecito  y otra con  un bebé  en brazos, charlaban  como  si estuvieran  en  una  plaza pública.
 Siguieron desfilando reclusos  con sus abogados  frente  a los Ministros, flanqueados por la Jueza, Fiscal,  Actuaria y  sus  secretarios.
En el patio sentado en el pasto, casi ovillado, un joven muy flaco se quedó solo, en  silencio, y sin sacarse la capucha de  la campera, esperando su turno.  Empezó a cruzar un viento fresco  y las dos  mujeres charlatanas con sus niños corrieron el  banco de madera  hasta debajo del alero,  contra  el vidrio que las  separaba  del  salón donde  se  hacía la audiencia.  La siguió otra,  rubia  y de campera de cuero,  con  un niño  de no más de  5 meses,  vestido  con un  cangurito  azul, que lo  hacía  más regordete y de pómulos rozagantes.  La siguió una mujer que parecía muy vieja, quizá  no lo era,  pero  sus ojos   bordeados por dos profundas ojeras  se  contraponía  con la imagen  de las tres  madres  jóvenes  con sus  niños.  La  mujer  no  hablaba con nadie. Se  paró  frente  al vidrio  y miraba lo que ocurría  en el salón, quizá adivinando diálogos  que  no  lograba escuchar.
En el otro extremo, custodiando la puerta del salón, tres guardias con sus  uniformes y cachiporras  a  la cintura miraban con  una  expresión indiferente.  Un  veterano policía,  casi tan  ancho  y alto como la puerta, que  bromeó cuando llegamos  ya  que  quizá para el próximo año, en la nueva Visita anual de Cárceles ya no estará  porque le  faltan pocos meses  para jubilarse.  A su lado dos mujeres,  casi  tan jóvenes  como  las  madres reclusas, solo que  tenían  uniforme  y cachiporra  a la cintura,  y que  miraban  fijo y  en  silencio  lo que  ocurría  en el salón.
Otra mujer  con su  niño en  brazos  se  sentó frente  a los  Ministros de  la Suprema Corte.  “Yo era consumidora, desde los 12  años”,  pudimos  escucharle.  “Tengo dos hijos más, un varón y  una mujer”.  La Ministra Minvielle le recordó que se le incautó droga y que por eso no la liberarían, como tampoco le concedieron la gracia a su pareja que había pasado frente a los  jueces un rato  antes.
Tomé un par de fotografías  y me  acerqué  a un  policía  que estaba  custodiando la puerta que  da  al patio  interno.
-“¿Cuántos  niños  viven  en la Cárcel?”, le pregunté.
 Me respondió abriendo la mano derecha.
- “¿Cuántos nacieron  en la Cárcel?”.
-“Los  cinco”.
-“Más uno por  llegar”, retruqué.
-“Si.  Por ahora uno  pero” …   Y cuando intenté saber más ese Policía  que  no era viejo pero que estaba endurecido por la situación fue tajante: “Buscan  tener hijos  para  que les  salga más liviana  la condena;  pero  acá  no es  lugar para que nazca ningún  gurí”,  y se quedó  mirando la nada  como  si  nunca hubiera  hablando conmigo.
En el medio del salón la Ministra Minvielle encaró a otra  mujer que con una niñita en  brazos  reclamaba  su  libertad. “Si salieras de aquí,  la  comida  de  tus  hijos, la ropa, los pañales ¿cómo los  conseguirías?”  La mujer  le respondió “trabajando en cualquier cosa”. La réplica de la Dra. Minvielle  fue lapidaria  al recordarle que  ayudó a  su  hermano en la  venta  de droga  y que por  eso permanecería  en la Cárcel. 
Pasaron  10 reclusos más hasta  completar los  53 que  estaban agendados. Sólo 6  consiguieron la libertad  anticipada. 
Al salir de la sucesión de puertas  enrejadas nos  devolvieron la Cédula de Identidad, y nos  despedimos.  Por el camino que pasa por la puerta de la Cárcel,  a lo lejos podía  verse  a tres  figuras caminando sin mucho apuro. Sintieron el ruido de un motor  a  sus espaldas  y le hicieron dedo.  La  camioneta  se  detuvo  y ellos se  subieron a la  caja. Uno de ellos fue  detenido  al otro día  por la Policía de  Montevideo. La libertad  le duró menos de 24 horas.


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La  Unidad    24  del INR  en Pense
   La Cárcel fue  inaugurada en febrero de 2015. Posee una estructura edilicia con características para un régimen de seguridad media. Cuenta con dos salones para visita y cada sector posee su propio patio interno, comedor y salón de clase.   Fue inaugurada con una capacidad para 198 personas (20 para mujeres), pero prácticamente desde el inicio  estuvo al tope de  su  capacidad.
Actualmente  están  recluidas  295 personas,  de  las cuales  22  son  mujeres.


PERIODICO CENTENARIO,  12  de  mayo 2018