sábado, 11 de octubre de 2014




Militar reconoce haber torturado a presos políticos durante la dictadura

* 28 ex presas políticas iniciaron la causa por violaciones a los Derechos Humanos por hechos cometidos en distintas dependencias, entre ellas el Batallón  de Mercedes y la Dirección de Investigaciones.

MERCEDES
ALDO DIFILIPPO


Plantones, submarino seco y húmedo, picana, tortura psicológica, son alguna de las torturas reconocidas por el Capitán reitrado Asencio Lucero, realizadas durante la dictadura.  Además de dejar a las mujeres desnudas" porque "esto les generaba mucho pudor", pero consideró que había tratado a las personas "con dignidad".
El militar reconoció estos hechos ante la justicia en la denuncia presentada por el abogado Federico Álvarez Petraglia, en representación de un grupo de 28  ex presas  políticas, presentada en octubre de 2011,  que sufrieron “delitos sexuales y torturas” de manera sistemática  durante la pasada dictadura cívico-militar. La causa  está en manos de la Jueza  Julia Staricco.
El capitán retirado Asencio Lucero reconoció ante la Justicia que aplicó torturas a personas detenidas. Lucero era el encargado de Inteligencia en el Regimiento de Caballería N° 9. Actualmente tiene 74 años, y es defendido por Rosana Gavazzo (hija de José "Nino" Gavazzo). Ante la Jueza Staricco, el Capitán retirado Asencio Lucero reconoció que aplicó torturas durante los interrogatorios a militantes políticos detenidos desde 1972, y que la metodología consistía en "prolongar plantones, submarino seco, submarino mojado, picana, supresión de las visitas". También "dejar a las mujeres desnudas" porque "esto les generaba mucho pudor". Justificando sus procedimientos afirmando que se realizaron en el marco de la "lucha antisubversiva",  considerando que había tratado a las personas "con dignidad".

"Hasta que se desplomaban"
Catalogó a las torturas como "desbordes" propios de la coyuntura que se vivía, y que las mismas  eran una "presión psicológica". Poniendo como ejemplo: "A las tres de la mañana preguntaba (a un/a detenido/a) cómo se llamaba la hermana" o les hacía un "plantón" durante cinco o seis horas "hasta que se desplomaban".
Añadió que el "tacho" (o "submarino") se aplicaba para quienes eran "reacios a conversar". Comentando que  el submarino seco era la tortura que afectaba más a los detenidos.
Primero, para decidir si a un detenido se le aplicaba torturas, según Lucero dependía si el detenido "hablaba o no". Si hablaba, o sea "delatar" o brindar alguna información sobre la organización,  "firmaba una declaración". Si no hablaba la primera tortura era el plantón, hasta que caía. Si seguía sin “cantar” la tortura era el submarino.  El tacho "ablandaba a las mujeres" porque les producía "pudor", el exponer su desnudez, la humillación, las vejaciones. Acotando que una vez le hicieron "un simulacro de tacho seco" al comandante Litovsky, militar que también está citado a declarar en esta causa.
Pero según él "nadie daba la orden" de torturar, ya que esto formaba parte de "un sistema" que tenía por objetivo "obtener información". Indicando que si bien torturar a una persona "no eran lo correcto (...), cuando se necesita información, es necesario". Mencionando que durante las sesiones de torturas había médicos, mencionando a Scarabino y a una doctora de apellido López.


Submarino seco

El Capitán retirado Asencio Lucero  describió en qué consistía el submarino "seco". Para esta tortura se usaba una bufanda con la que se envolvía  la cabeza del detenido  y se lo ponía cinco horas contra la pared: "Por lógica, habla", dijo.


La denuncia

En 2011 un grupo de 28 mujeres que estuvieron presas durante la dictadura presentaron una denuncia contra más de 150 policías, militares, enfermeras y médicos por torturas y abusos sexuales.  Torturas y violaciones realizadas en forma sistemática  en unidades militares como el Penal de Punta de Rieles, el centro clandestino de detención '300 Carlos', el Regimiento de Caballería Nº 9, el Establecimiento La Tablada y el Batallón de Infantería Nº 5 de Mercedes, entre otros.
En dicha denuncia  se expresa que la tortura  fue utilizada en forma sistemática y planificada consistente en delitos sexuales (violencia sexual, violación, desnudez, tocamientos, entre otros) y torturas (tales como plantones, picana, submarino, entre otros), afectando su integridad física y mental y su derecho a la dignidad, principalmente”. Y que  “la conducta desarrollada por los denunciados formó parte de un plan sistemático orquestado por quienes detentaban el poder en forma ilegítima cuya finalidad era la destrucción física, moral y psicológica de las detenidas con particular énfasis en su condición de mujeres, menoscabando su integridad física y mental y su dignidad con prácticas tales como la desnudez, la introducción de objetos en la vagina y ano, tocamientos, así como insultos degradantes y amenazas por la sola condición de ser mujeres llegando en muchos casos a la consumación de la violación”.


PERIODICO CENTENARIO, 11/OCTUBRE/2014