viernes, 21 de febrero de 2014

 Memoria viva



El 18 de febrero se cumplieron 37 años del secuestro de la mercedaria Elba Gándara. Su caso es uno de los tantos pendientes del pasado reciente. Elba es la única mujer en la lista de sorianenses detenidos desaparecidos en la última dictadura.



(por Aldo Roque Difilippo) La detención y posterior secuestro de Elba Gandara es escalofriante y refleja la brutalidad con que se manejaban las fuerzas represivas en el Río de la Plata. Como era habitual en estos casos militares ingresaron en horas de la madrugada a la casa donde vivía Elba Gándara, en Buenos Aires, junto a su  esposo y sus pequeños hijos, destrozando todo a su paso. La pareja, y especialmente la mujer, fue torturada delante de sus cuatro hijos. Además los militares se “divertían” tomando a su hija de tan solo dos semanas de vida, arrojándola entre ellos de un lado a otro.

A las 4 de la madrugada

De acuerdo a la investigación iniciada por la  Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) se encuentra probado que Juan Enrique Velázquez Rosano, y su esposa ,  Elba Lucía Gándara Castromán fueron secuestrados en la madrugada del 18 de febrero de 1977, mientras se encontraban descansando en su domicilio de la calle Hilario Lagos Nº  466 o 476, Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Que en el domicilio irrumpieron aproximadamente 12 personas vestidas de civil, fuertemente armadas, pertenecientes al Ejército Argentino. El grupo se presentó en el domicilio junto a Heber Eduardo O´Neill Velázquez, sobrino de Juan Enrique Velázquez, el cual había sido secuestrado tiempo antes.  Cabe recordar que en 2013 fueron identificados los restos de  Heber O’ Neill.

Un mes  en condiciones inhumanas

Juan Enrique Velázquez Rosano,  esposo de Elba Gándara,  relató lo sucedido en un documento presentado ante la Sub Secretaría de Derechos Humanos, describiendo que los militares  ingresaron violentamente a su casa rompiendo puertas y ventanas, que los golpearon fuertemente tanto a él como a su esposa en presencia de sus cuatro hijos; y que incluso a su mujer le hicieron “el submarino” sumergiéndole la cabeza en agua. Además  que se “divertían” tomando a su hija recién nacida de tan solo dos semanas, arrojándola entre ellos de un lado a otro.
Estas torturas se extendieron por algunas horas, dentro de la casa. Luego los captores les dijeron que los “llevaban a interrogar” y los sacaron a los tres de la vivienda, todos maniatados y encapuchados.  José Velázquez  fue  arrojado a una zanja, luego  lo colocaron, todo mojado y embarrado, en el baúl de un Ford Falcón blanco que se encontraba junto con un camión del Ejército. Su domicilio quedó destrozado y también fueron saqueadas sus pertenencias de valor.
Por versiones de los vecinos los militares habían rodeado toda la zona, y los sacaron prácticamente desnudos.
Estuvieron detenidos en un centro clandestino de detención y después de una semana fueron llevados al Vesubio, ubicado en Camino de Cintura y Richieri, donde padecieron condiciones inhumanas de cautiverio durante más de un mes.
Relató que fue alojado en un sector que parecía ser una “caballeriza”, ya que estaba “compartimentado”, donde había unas 50 personas en su misma situación que eran sacadas a diferentes lugares para ser interrogadas. Tanto él como su esposa fueron interrogados bajo tortura, y que además tuvo que soportar la terrible y dolorosa situación de que lo llevaran a escuchar el interrogatorio con picana eléctrica que le hicieron a su mujer.  Luego de dos meses de cautiverio Juan Velázquez fue liberado. Le dijeron que tenía que irse de Argentinas con sus hijos, que no dijera nada,  que se olvidara de todo; aclarándole que a su mujer seguramente la iban a matar porque estaba muy comprometida. Antes de salir le permitieron despedirse de ella, pudiéndola ver durante unos minutos en el sector del baño. Luego lo sacaron en un auto, encapuchado y lo dejaron a dos cuadras de su casa; en un estado lamentale, muy flaco y debilitado. Su esposa, Elba Lucía Gándara Castromán, aún hoy, a 37 años de aquel terrible episodio, continúa desaparecida.






Publicado en www.agesor.com.uy