lunes, 18 de noviembre de 2013

Ética a secas


Los  medios de comunicación y la “guerra simbólica contra los pobres




MERCEDES
ALDO DIFILIPPO





“¿Que es un movimiento social?”, comenzó preguntándose Raúl Zibechi  al iniciar su ponencia en la  1era. Conferencia de Periodismo de Investigación realizada el fin de semana pasado en Trinidad.
Como informáramos el evento congregó a periodistas de Uruguay, Argentina, Brasil y Chile. En su ponencia “Investigar sobre movimientos sociales” Zibechi comenzó diciendo: “Yo colaboro con FUCVAM, en formación, y voy ha hacer talleres a una cooperativa; y pregunto ¿para ustedes qué es un movimiento social? Te salen con   la Asociación Rural, Remar, alguno menciona los Bomberos. Lo que quiere decir que hay una enorme confusión en lo que es un movimiento social. Incluso entre los periodistas”. Explicando “cuando hablo de movimiento social, hablo de los  movimientos sociales de los oprimidos,  de los trabajadores, de los pobres, o  como los queramos llamar, pero me  centralizo en eso. Nunca olvidaré cuando las ocupaciones estudiantiles  en el año 1996, cuando los estudiantes daban ruedas de prensa y siempre  iba el mismo periodista del diario El País  y con ellos  usaba un estilo agresivo, provocador, que jamás  utilizaría con un Ministro o con un Diputado”. Por tanto  “yo no soy neutral con los movimientos sociales. Me parece que cuando vos trabajas estos temas  no podes ser neutral, y tomas partido, y por lo tanto  hay cosas que informas  y hay cosas que explícitamente omitís. Eso tiene que ver con una ética que no está escrita. No hay un Código de ética para trabajar con menores. No hay un Código de ética para trabajar en Derechos Humanos. Es ética a secas.  Entonces el revelar o no revelar, el decir  o no decir cosas, tiene que ver con eso”.

Estar allí

Además que “que para trabajar con cada sector social hay que estar ahí, porque hay territorios, hay realidades, modos de ser, y eso implica estar allí”.
Para Zibechi “en el mundo y en Uruguay vivimos una guerra material, que es simbólica, contra determinados sectores de la sociedad,  y  en concreto contra ese porcentaje, 20, 30 de los más desfavorecidos. Los  medios de comunicación, y no hay nada más que prender la televisión a las 7 de la tarde  y ver  los informativos, son parte de esa guerra simbólica contra los pobres. Y esto lo digo explícitamente porque  creo que a veces consideramos  movimiento social aquello que tiene un estatus de movimiento social, y no podemos  considerar que los chicos de 15,  20 años de Santa Catalina o del Marconi son el movimiento social potencial,  o están en movimiento para.
Recuerdo que Pepe D’Elía planteaba en sus memorias que el movimiento sindical hasta cuando fue reconocido en el año 1943, con Amézaga y  los Consejos de Salarios,  aparecía  en la crónica roja. Después fue adquiriendo un lugar.
Lo digo porque a veces lo que aparece  en la crónica roja, y sabemos hoy que lo que aparece  está muy difícil de poder considerarlo  desde otro lugar; y  desde el lugar de que son personas que  colectivamente  buscan trascender el lugar en el que están. ¿Esperaremos a que esos sectores tengan instituciones reconocidas por el estado para  considerarlos movimiento? ¿No será que ya lo son y no se pueden manifestar como lo que son? Son preguntas que planteo  y que tienen mucho que ver con nuestro trabajo periodístico cuando  abordamos determinados sectores.
Cuando yo voy FUCVAM,  o al PIT CNT hay unos códigos con los cuales podes dialogar, con los cuales te podes entender. Pero cuando vas a sectores sociales no organizados, o no institucionalmente organizados, porque cualquiera está organizado en la sociedad, los niños están organizados aunque su organización no esté reconocida; vos tenés  que respetar y asumir que estás ante un  actor social, no institucionalizado pero que tiene las mismas características que tuvieron los sindicatos antes de los años 40. Cuando hacen cosas aparecen en la crónica roja. Entonces ¿cómo te compartas como periodista? ¿Desde  qué lugar los abordas? ¿Desde qué lugar opinas, decís, o ponés el micrófono y después reproducís o no?”.







PERIODICO CENTENARIO, 13/noviembre/2013