viernes, 5 de julio de 2013

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A 40 años de la detención de Eduardo Víctor Boga



* La dictadura golpeó a Centenario mientras varios cardonenses festejaron pues cerraban “ese nido de comunistas”.



Cardona
Aldo Difilippo


En julio de 1973 un operativo policial irrumpió en las puertas de Centenario.  Militares armados a guerra  ingresaron a la redacción  para llevarse detenido a Eduardo Víctor Boga. El detonante fue un volante impreso por Centenario, a pedido de trabajadores de Juan Lacaze que se habían plegado a la Huelga general decretada por la CNT en rechazo al golpe de Estado. Juan José Viacava, por entonces periodista eventual de Centenario, recuerda los hechos. “Ese panfleto se imprimió acá, a pedido de Norberto Costabel, que conocía a Boga de la OPI” (Organización de la Prensa del Interior). Parecía “una jugada maestra
Eduardo Víctor Boga
”, pero “era infantil”, comentó Viacava, “porque en seguida empezaron a buscar la punta del hilo. Detuvieron a uno, lo apretaron y dieron con quién lo imprimía. Aunque el autor ideológico no haya sido Boga sino el de Juan Lacaze” lo que las Fuerzas Armadas pretendían era hacer “un ejercicio de poder”.
Viacava relató que “15 o 20 soldados” irrumpieron en el periódico haciendo “un teatro espectacular. Fusil en mano  copan la imprenta. Unos quedan apostados en la puerta y otros entran  de improviso. Tal es así que los muchachos que  estaban consustanciados en sus tareas se sorprenden al ver un milico de verde, de botas, armado a guerra apuntándoles”.  Agregando “estaba haciendo una nota sobre un tema agropecuario. De repente un fusil acá (señalándose la nuca).  Nos sacan, nos alinean y nos dicen “miren que nosotros sabemos quiénes son todos ustedes”, en una acción sicológica, como diciéndonos no se hagan los locos. No dijeron nada que se lo iban a llevar al “Negro” Boga. Creo que él pidió para ir hasta la casa a buscar un mono, una frazada y una muda de ropa. Todo  eso en una acción muy rápida”. Al frente del operativo  “estaba un gordo con una pinta de asqueroso terrible. Se lo llevaron al “Negro”  y se marcharon”, aunque recién lo esposaron y encapucharon cuando estuvo dentro del camión. En la vereda de enfrente al periódico  comenzaron a congregarse los curiosos, “y la reacción fue  se funde Centenario. En el 71 el “Negro” Boga y yo ya éramos frenteamplistas, y la opinión de la comunidad era que éramos todos comunistas. Así que algunos estaban contentos, algunos aplaudieron también. En Centenario había un administrador, Mario Dávila. Él vivía con los padres en la Escuela 93. Allí eran caseros. La  Directora de la Escuela 93 llama a los padres y le dice “si su hijo está un día más en ese nido de comunistas, van todos para afuera”. Ese muchacho llega a la casa y los padres lo ponen contra la pared, “tenés que renunciar ya”. Al otro día el tipo dice “no trabajo más porque me van a llevar preso”, y renuncia. Bueno, queda descabezada la Dirección y la Administración de Centenario, y esa fue mi oportunidad histórica porque yo no estaba  en los planes. Estaba como contratado, me pagaban por nota. El 1 de agosto de 1973 comencé a trabajar como administrador.  Este cargo que ahora tiene una significación, comparado con aquello era muy primitivo. Administrador por decir administrador. Aquí no había jerarquía. Era una imprenta de muy escasos recursos. Tal es así que nos quedamos sin plata para  imprimir y salimos con un  diario de emergencia, un diario bien chiquito. Mandábamos a  buscar a Montevideo de a una resma. No teníamos absolutamente nada, con unos sueldos espantosos, pero  era lo que había  y había que prenderse a eso. En el 71 no había absolutamente nada”. Viacava agregó más adelante que  fue el propio Boga que avisó a su familia dónde estaba detenido, y que posteriormente pudieron enterarse “de poca cosa” de lo que ocurría dentro del Cuartel de Mercedes. “Que había más gente detenida, pero la interna no tanto, porque él tenía un trato de privilegio en ese sentido. Iba a la cocina, a veces le hacía trabajos de administración a los milicos. La oficialidad sabía que no estaban frente a un delincuente, o un terrorista. Lo que los tipos le tenían miedo era a la ideología. Sabían que Boga era un tipo de bien”.

“Esto no es joda, estos locos van a dar palo”

Por esos días las ediciones de Centenario salían con una  frase en la parte superior. De Artigas, Lincoln, citas de la Constitución. ¿De quién fue la decisión de incluir esa suerte de protesta?

Viacava: -Esa fue mía, y abonada por  el Esc. Aníbal Tubino que era un allegado, un hombre de izquierda que colaboró conmigo en el mantenimiento del diario hasta la restitución del “Negro”. 

¿Ustedes pudieron determinar, o tuvieron alguna presunción de quién lo “vendió” a Boga?

-Yo no hablaría de “vender” así…

Pero alguien pasó el dato  de que ese volante  fue impreso acá.

-No creo que haya sido de acá adentro. En ese momento creo que trabajaba Balao (Raúl Darío). Siempre se tuvo una fuerte sospecha de que él había batido de que el volante se había hecho acá. A Balao sus antecedentes no lo ayudaban mucho porque había sido miembro de la JUP (Juventud Unida de a Pié); pero  yo entiendo el momento histórico. Cuando  las sociedades  se mimetizan con  dos proyectos  ideológicos distintos, uno de izquierda y otro de derecha, todos pasamos a ser parte de ese desvarío, por llamarlo de alguna manera, y todos somos culpables, todos somos soplones, desde el punto de  vista que se mire. Yo no creo que  haya una intención confesa de hacer algo, sino que la situación te arrastraba a eso. Por eso no cortaría  ninguna cabeza porque entiendo el momento.  Capaz que un tipo “soplando” algo creía que le hacía un bien a la Patria, porque en su mente funcionaba aquello de que todos los demás son enemigos. Porque se hizo un trabajo muy fino en la sociedad, donde  la izquierda era la que atentaba contra las instituciones, contra la democracia. La dictadura se plantó muy bien desde el punto de vista estratégico, porque  instaló el principio de que todos somos malos hasta que demostremos que  somos buenos.

Boga estuvo preso 99 días. Durante ese tiempo Centenario siguió con la misma postura de publicar las frases de Artigas  y dentro de lo que se podía siguió informando. Durante esos días ustedes recibieron presiones para cambiar la actitud?

-Las frases  los molestaban, pero más le molestaban las fotos tipo cachadas que publicábamos. Esa comunicación vino a través de Boga. El comandante lo llamó y le dijo: “me para ésto inmediatamente porque sino le cierro la imprenta”. ¡Nos descogotaba!  Esa fue la primera toma de conciencia que la cosa venía en serio y que teníamos que salvar el periódico. Cuando sale Boga se hace más carne todavía, porque nos dice, esto no es joda, estos locos van a dar palo, que tampoco nos imaginábamos las torturas y la dimensión de eso.



 “No te comprometas pibe”

Luis Larrea trabaja en Centenario desde el 8 de diciembre de 1959. El 26 de julio de 1973 cumplía 26 años cuando lo sorprendió la irrupción de un grupo de militares en la imprenta del periódico. “Justo estaba de encargado por si entraba alguna persona porque el otro muchacho, Mario Dávila Rondán, salió a hacer  un mandado. Me dijo “Zorro” cualquier cosa atendé. Yo estaba cortando papel. Veo tres jeep que paran y digo voy a esperar que llamen”. Pero no le dieron tiempo. “Entraron armados, corriendo y me apuntaron. Me dicen, “documentos”. Levanté las manos y le dije, “documento de qué si todos me conocen. Bueno pasá para allá que esto se cierra, me dijeron”. A los trabajadores de la imprenta los militares los reunieron en el medio del taller. “Uno sacó una lista y empezó a nombrar, hasta con el sobrenombre. Dijeron que tenían la madeja pero no tenían la punta. A Mario Dávila, que era el Administrador en aquel momento, lo subieron como dos o tres veces al jeep para llevarlo. Al primero que llevaron al fondo a interrogar fue a Nelson Ebert” que era el jefe de la imprenta. “Después lo sacaron a César Molina, y a Boga lo estaban interrogando allá adelante. De repente entró uno y dijo cantó. Entonces agarraron y lo llevaron a Boca solo”. Larrea, “el Zorro” como todos lo conocen agregó que el volante que se imprimió en Centenario, era uno más de los trabajos extras  “porque era buena plata” y “era una época brava” económicamente. “A Dávila lo subieron  al jeep, no se si para asustarlo o para llevarlo, y le decían no te comprometas pibe, nosotros sabemos a qué fracción política pertenecés vos y Larrea. Los dos íbamos al Club Colonia”, y los dos eran colorados. Agregando “desde que empecé a votar, por 5 elecciones voté a los colorados. Yo votaba por tradición. A mí si no me hubieran dado trabajo en la imprenta me moría de hambre”.
En la vereda de enfrente a Centenario  “se llenó de gente. Banchero decía, si hubiera cobrado entrada me hago millonario. La intención de ellos era cerrar todo. Decían apaguen todo, que esto se cierra. Después de noche los de la JUP (Juventud Uruguaya de a Pie)  pasaron en caravana gritando para acá”.


Un tal Barloco

“Era un montón la gente que entraba aquí”, por eso el dato tuvo que haberlo pasado “algún conocido” agregó Larrea. “Esos trabajos se hacían de noche. Era un trabajo común, los hacía César Molina y yo al otro día los terminaba. Pero yo sigo manteniendo que fue una vendida. Acá entraba mucha gente. Sabían hasta el auto negro de alquiler en que llevaban los paquetes al hotel Elizondo, y que iban dirigidos a un tal Barloco”.



Periódico Centenario, 3/Julio/2013